El valor real de nuestros datos personales

Todos los que se dedican a la consultoría de protección de datos insisten en la necesidad de tener cuidado a quien se facilitan estos. Cuando se proporcionan datos personales a una empresa de confianza, no existe ningún problema. Sin embargo, cuando se trata de una web de origen desconocido, puede ocasionar problemas. Pero, en cualquiera de ambos casos, los datos tienen un valor.

¿Cuánto valen los datos personales?

En el mundo globalizado de hoy, es vital para las empresas tener una buena base de datos con la cual poder desarrollar campañas de marketing. Y, cuanto mayor sea el número de datos de cada persona que posea esa base, mejor. De ese modo, les será más fácil realizar segmentaciones, por ejemplo, en función de los gustos personales de cada una y, así, dirigir sus campañas a los candidatos idóneos.

Los datos valen dinero

Por tanto, los datos personales valen dinero. De hecho, existen empresas que se dedican a captarlos para crear sus propias bases de datos y luego venderlas. Basta recordar, por ejemplo, el escándalo en que se ha visto envuelta la red social Facebook recientemente con su auxiliar Cambridge Analytics. Y es que muchas veces se dan los datos con la mayor facilidad sin pensar en la utilización que se va a hacer de ellos. Un ejemplo claro es el siguiente. El usuario entra en una página web de juegos gratuita o justamente en una red social igualmente sin coste y le piden sus datos personales. Este los da, pensando que es un mero trámite para entrar en ellas.

Sin embargo, es evidente que nadie regala nada y que, si esas webs son gratuitas, es porque obtienen dinero de los usuarios por otros medios. Y una buena manera de hacerlo es comerciando con su base de datos. Es decir, vendiéndola a empresas interesadas para sus campañas de marketing.

¿Existe conciencia del valor de los datos personales?

Los expertos en protección de datos opinan que los usuarios cada vez tienen más conciencia de esta circunstancia. Y que, desde ya, hay que considerar el dato como moneda de cambio. Dicho de otra forma, es preciso entender que los datos tienen un valor como si de dinero se tratase. Y que cada uno tiene todo el derecho a hacer con los suyos lo que le plazca. Así mismo, su valor lo pone cada persona, aceptando darlos si quiere o negándose en función de lo que reciba a cambio.

Por tanto, el usuario es libre de proporcionárselos a quien desee. No obstante, también debe recibir una contraprestación por ello. Y, por supuesto, hay que asegurarse previamente que el receptor va a hacer un buen uso de los mismos. Pero, esto último ya está bien cubierto por el reciente Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD) y Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derecho Digitales (LOPDGDD).

¿Cómo deben usarse entonces los datos personales?

Es muy sencillo. Siempre que no se vea problema en facilitarlos, pueden usarse los datos propios como si fueran moneda de curso legal. Un ejemplo: una gran cadena de restaurantes los pide a sus clientes y a cambio les ofrece una comida al mes gratis. Si no son datos íntimos (algo que por otra parte no deben solicitar, según las citadas leyes), se les pueden ceder.

Leer la letra pequeña

Pero, antes, hay que leer bien la letra pequeña para asegurarse de que no van a ser mal utilizados. En este sentido, las nuevas reglamentaciones citadas ya exigen a quien recopile datos personales que explique los términos y condiciones de forma clara. No como sucedía hasta ahora, que bastaba la aceptación pasiva del interesado.

¿Puede confiarse en que los datos personales van a ser bien protegidos y utilizados?

Al igual que sucede en otros aspectos de la vida cotidiana, hay delincuentes que hacen un uso perverso de los datos personales. Por eso, es imprescindible asegurarse bien de a quién se le dan antes de hacerlo. No obstante, los expertos en big data coinciden en que las empresas más valoradas comienzan a ser aquellas capaces de generar confianza en los usuarios respecto a la buena utilización de sus datos.

Cuidado con las cookies

En otro orden de cosas a destacar. Si al navegar por Internet no se borran las cookies, está dejándose un rastro de las páginas visitadas y los banners vistos. A partir de ello, se realizan segmentaciones para publicidad. Es frecuente que, tras entrar por ejemplo en una web de zapatos, el usuario haya sido bombardeado con anuncios de este producto.

En conclusión, los datos personales tienen un valor incluso económico. Una consultoría de protección de datos los utiliza para sus campañas promocionales. Puede hacerse lo que se quiera con los datos propios. No obstante, desde la Consultoría de Protección de Datos se recomienda, antes de facilitarlos, asegurarse de que se va a hacer de ellos un uso legal y de que se va a recibir una contraprestación.

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