Durante años, el «Dr. Google» fue la primera parada ante cualquier síntoma o duda de salud. Después llegaron las apps de salud, los dispositivos wearables y las redes sociales, espacios donde compartimos —a veces sin ser conscientes— más información personal y médica de la que creemos. Hoy, la inteligencia artificial aplicada a la salud da un salto más: chatbots médicos como ChatGPT, capaces de analizar síntomas, sugerir posibles diagnósticos, ofrecer orientación personalizada y conectarse con datos clínicos reales. El avance es imparable y ya está transformando la relación entre pacientes, profesionales sanitarios y tecnología. La pregunta ya no es si llegará, sino cómo integrar estas herramientas digitales en el cuidado de la salud de forma segura, ética y eficaz cuando llegue a nuestras manos.
De buscar síntomas a entregar datos de salud
La evolución ha sido progresiva, pero profunda. Primero consultábamos síntomas de forma anónima. Más tarde, empezamos a registrar hábitos, pulsaciones o ciclos de sueño en aplicaciones móviles. Ahora, herramientas como ChatGPT, desarrollado por OpenAI, avanzan hacia modelos especializados en salud, con capacidad de integrarse con apps médicas y, potencialmente, con historiales clínicos electrónicos.
Esto cambia completamente el escenario. Ya no hablamos solo de búsquedas genéricas, sino de datos de salud, una de las categorías más sensibles según el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).
El dato sanitario: especial, sensible y altamente protegido
El RGPD es claro: los datos de salud son categoría especial de datos personales. Su tratamiento está, en principio, prohibido, salvo que concurran garantías muy concretas: consentimiento explícito, fines médicos legítimos, medidas de seguridad reforzadas y estricta limitación de uso. (ARTÍCULO 9 DEL RGPD)
Cuando una IA accede, procesa o aprende de información sanitaria, los riesgos se multiplican:
- Pérdida de control del dato: el usuario no siempre es consciente de qué información está cediendo ni para qué se reutiliza.
- Brechas de seguridad: una filtración de datos médicos tiene consecuencias graves, personales y legales.
- Uso secundario de la información: entrenamiento de modelos, perfiles de salud o inferencias no previstas inicialmente.
Aquí no basta con innovar. Hay que cumplir.
¿Estamos ante un dispositivo médico?
Otro punto clave —y aún abierto— es la posible consideración de estas herramientas como dispositivos médicos digitales. Si una IA sugiere diagnósticos o influye en decisiones clínicas, puede entrar en el ámbito de la normativa sanitaria europea, con obligaciones adicionales de evaluación, validación y responsabilidad.
Y esto no es menor: una cosa es informar y otra muy distinta diagnosticar. El riesgo de que el usuario sustituya al profesional sanitario por una respuesta automatizada es real y ya lo estamos viendo.
IA, cumplimiento y responsabilidad: la asignatura pendiente
Que estas soluciones aún no estén disponibles en la Unión Europea no es casualidad. Europa ha optado por un enfoque claro: innovación sí, pero con derechos fundamentales en el centro. El RGPD y la Ley de Inteligencia Artificial exigen transparencia, control humano y responsabilidad desde el diseño.
Para empresas, desarrolladores y organizaciones sanitarias, el mensaje es directo:
si vas a trabajar con IA y datos de salud, necesitas análisis de riesgos, evaluaciones de impacto, políticas claras y asesoramiento especializado.
La tecnología avanza rápido, pero los datos personales y sanitarios no son combustible gratuito para la innovación. La inteligencia artificial aplicada a la salud puede aportar un valor real y medible, pero solo si se construye sobre bases sólidas de privacidad, ética digital y cumplimiento normativo, especialmente en entornos regulados como la Unión Europea. Cuando estas herramientas lleguen a Europa —porque llegarán—, la diferencia no la marcará quién innove más rápido, sino quién lo haga mejor, de forma responsable y conforme al marco legal vigente.
Si tu organización ya trabaja, o quiere trabajar, con IA, datos sensibles y tecnologías de salud digital, conviene prepararse desde ahora. Hacerlo bien no es frenar la innovación; es proteger la confianza, minimizar riesgos legales y garantizar un desarrollo sostenible. Y en ese camino, contar con asesoramiento experto en protección de datos e inteligencia artificial y contar con una plataforma que aúne toda la información de legalidad y seguridad de tu empresa, marca la diferencia.