Mayores ciberprotegidos: el poder de la información

Las personas mayores con menos recursos, acompañamiento digital limitado o dispositivos antiguos enfrentan un riesgo desproporcionado de ciberataques que explotan la urgencia, la confianza o la suplantación de identidad.

Las personas mayores no son las únicas víctimas de la ciberdelincuencia, pero sí conforman un colectivo expuesto a riesgos específicos. Su relación con la tecnología suele estar marcada por brechas de actualización digital, un exceso de confianza en las comunicaciones oficiales y, en algunos casos, factores sociales como la soledad o la necesidad de apoyo.

Estos elementos no implican la falta de capacidad, sino un contexto diferente, que los atacantes explotan deliberadamente. Ellos no son el único público susceptible de caer en una ciberestafa, los bancos, las instituciones públicas, o las personas de cualquier edad podrían también caer en la trampa, si bien, la combinación de factores, hace que las personas mayores corran algo más de riesgo.   

Por qué los mayores son vulnerables

A diferencia de generaciones que crecieron conectadas, muchos mayores se incorporaron más tarde al entorno digital. Esto implica:

  • Menor familiaridad con señales de riesgo, como dominios falsos, enlaces acortados o apps no oficiales.
  • Mayor confianza en voces o instituciones, un punto que la ingeniería social explota sistemáticamente.
  • Dependencia de canales remotos sin plena certeza de qué es legítimo. 
  • Contextos de soledad, que incrementan la vulnerabilidad ante engaños afectivos o mensajes cargados de urgencia emocional.

No son “menos capaces”; enfrentan amenazas diseñadas específicamente para su perfil.

Principales ciberamenazas para mayores 

1. Estafas y phishing altamente personalizados

Los ciberdelincuentes envían correos, mensajes o realizan llamadas fingiendo ser bancos, administraciones, empresas de servicio, con promesas de premios, alertas falsas o peticiones de datos personales.

Durante 2025, grandes plataformas como Meta informaron de la eliminación de millones de cuentas vinculadas a redes de estafa dirigidas especialmente a adultos mayores, por su mayor probabilidad de respuesta ante comunicaciones con apariencia institucional.

 

2. Deepfakes e impostaciones por IA

Un fenómeno creciente en 2025 son los ataques que se hacen pasar por una institución o por una persona cercana.¿Te ha llegado también un mensaje de la DGT con una supuesta multa? ¡Cuidado! Este tipo de mensajes suelen ser phishing o smishing. Pero el engaño puede ir más allá. Algunos atacantes se hacen pasar por un nieto, un familiar o alguien de confianza, con historias de urgencia, como “envíanos dinero ya” por una “emergencia médica”. A esto se suma el uso de inteligencia artificial, que permite simular voces o incluso rostros, haciendo que estas impostaciones resulten mucho más creíbles.

A los ejemplos mencionados, que apelan a la urgencia y a lo emocional se le unen otros relacionados con la soledad, como estafas al conocer a supuestas parejas en Internet. Todos ellos, conocidos como ingeniería social. 

Este tipo de engaños mina las señales clásicas de sospecha: la voz suena conocida, la urgencia emociona… y el mayor baja la guardia.

3. Ransomware y robo de credenciales

El uso de técnicas avanzadas, incluida la IA, ha permitido a ciberdelincuentes generar campañas de phishing más convincentes y automatizar ataques que derivan en infecciones por ransomware o robo de datos.  

Aunque muchas noticias de 2025 resaltan esta tendencia en infraestructuras y empresas, lo cierto es que cualquier persona, incluyendo mayores, puede verse afectada si su dispositivo está desprotegido.

Cómo proteger a las personas mayores: buenas prácticas esenciales

  1. Educación y formación digital

Los programas de alfabetización dirigidos a personas mayores son esenciales para que aprendan a identificar señales de fraude, distinguir comunicaciones legítimas de intentos de estafa y decidir con criterio qué información pueden compartir y cuál deben proteger.

Estas iniciativas no solo enseñan a usar la tecnología, sino a usar Internet con criterio y seguridad. Proyectos como Cyber Safe Senior ponen el foco en desarrollar competencias digitales básicas y hábitos de verificación que reducen significativamente su exposición a riesgos.

  1. Uso de contraseñas seguras y autenticación reforzada

Es fundamental emplear contraseñas robustas y únicas para cada servicio, evitando reutilizarlas o basarlas en datos personales previsibles. Siempre que esté disponible, debe activarse la verificación en dos pasos, ya que añade una capa adicional de protección incluso si la contraseña se ve comprometida. Las claves nunca deben compartirse con terceros ni almacenarse en lugares fácilmente accesibles o visibles.

  1. Comprobación de la fuente antes de actuar

Nunca se debe confiar en enlaces recibidos por correo, SMS o mensajes inesperados, ni en llamadas que solicitan datos urgentes. La forma correcta de verificar es contactar directamente con la entidad utilizando su número oficial o acceder manualmente a su página web. Este hábito, alineado con el principio de Zero Trust, ayuda a evitar la mayoría de fraudes basados en suplantación.

  1. Apoyo intergeneracional

La ayuda de familiares o personas con mayor experiencia digital puede marcar una diferencia notable. Revisar juntos mensajes sospechosos, configurar adecuadamente los dispositivos o explicar señales de alerta construye un entorno más seguro. La evidencia muestra que este acompañamiento reduce de forma significativa la probabilidad de caer en estafas.

  1. Concienciación permanente

La ciberseguridad requiere constancia: revisar las opciones de privacidad, mantener los dispositivos y aplicaciones actualizados y desconfiar de lo inesperado son prácticas esenciales. La información continua y la formación actualizada permiten que cualquier usuario, incluyendo personas mayores, mantenga un nivel de autoprotección sólido.

¿Por qué es urgente actuar?

En 2025 la amenaza digital es más intensa y sofisticada que nunca. Los ciberdelincuentes usan IA, técnicas de ingeniería social más elaboradas, y buscan víctimas vulnerables. A las posibles vulnerabilidades de las redes sociales, se le unen otras como las correspondiente a la Internet de las Cosas (IoT), por muy fiable que te parezca tu robot de cocina. 

Las personas mayores con menos recursos, acompañamiento digital limitado o dispositivos antiguos enfrentan un riesgo desproporcionado de ciberataques que explotan la urgencia, la confianza o la suplantación de identidad.

Protegerlos no es simplemente aplicar controles técnicos: es una responsabilidad social. Facilitarles información clara, acompañar su adaptación al entorno digital y ofrecerles herramientas reales para desenvolverse con seguridad contribuye a reforzar su autonomía, su dignidad y su participación plena en la vida digital. Esto no va solo de tecnología, sino de equidad y cuidado comunitario.

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